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¿Qué aporta el fondo soberano frente al ICO?

El Gobierno ha decidido dotarse de un nuevo vehículo de inversión pública —el fondo soberano “España Crece”— con una base inicial de 10.500 millones de euros procedentes del Plan de Recuperación, con la ambición de movilizar hasta 120.000 millones mediante coinversión público-privada. El instrumento, además, será gestionado por el Instituto de Crédito Oficial (ICO) y actuará siempre acompañado de capital privado, mediante préstamos, avales o instrumentos de capital, focalizando sectores considerados estratégicos (vivienda, energía, digitalización e IA, reindustrialización, economía circular, infraestructuras, agua y seguridad).

La pregunta relevante para el contribuyente —y para el inversor institucional— no es solo el tamaño del anuncio, sino su encaje en un ecosistema donde el ICO ya opera como banco público de promoción, con capacidad crediticia y una trayectoria consolidada en financiación canalizada con la banca, financiación directa y gestión de instrumentos de apoyo empresarial.

Dos instituciones… pero una misma “columna vertebral”

En la práctica, la arquitectura planteada difumina la frontera entre “nuevo fondo” y “función histórica” del ICO:

  • España Crece (fondo soberano) nace con lógica de política industrial y autonomía estratégica: invertir en sectores prioritarios, atraer coinversión privada y prolongar el impulso de los fondos europeos más allá del calendario Next Generation.
  • ICO (banco nacional de promoción) mantiene su misión de impulsar crecimiento sostenible, con especial énfasis en pymes, autónomos y emprendedores, a través de financiación directa y vía mediación (banco de “segundo piso” que fondea a entidades financieras, que a su vez analizan y conceden el riesgo).

No es casual que el ICO se esté reorganizando internamente para absorber el reto operativo del nuevo vehículo, con nuevas áreas de negocio y refuerzo de su estructura para la gestión.

Utilidad: cuándo suma el fondo soberano sobre el ICO

El valor añadido de España Crece debería medirse por lo que el ICO, por diseño, hace con más dificultad:

  1. Capacidad de “equity-like” y riesgo paciente (si se usa de verdad)
    El ICO es, ante todo, un actor de financiación. Un fondo soberano bien diseñado puede asumir riesgo de capital (o cuasi capital) y horizontes más largos, catalizando proyectos transformadores que no pasan el filtro bancario tradicional. El propio planteamiento del fondo contempla instrumentos de capital, además de préstamos y avales.
  2. Efecto arrastre y señal estratégica
    Un vehículo con mandato explícito de sectores y coinversión puede funcionar como “sello” para atraer grandes inversores (infraestructura, transición energética, digital). Esa es la lógica del objetivo de movilización.
  3. Foco sectorial con programas “ancla” (vivienda como ejemplo)
    En vivienda, el Gobierno ya ha puesto cifras: hasta 23.000 millones para dinamizar oferta y financiar un ritmo de 15.000 viviendas/año, combinando tracción pública y privada.

Rentabilidad: qué significa “ganar dinero” en un banco público y en un fondo soberano

Aquí conviene separar dos planos:

  • Rentabilidad financiera directa (cuenta de resultados): en un banco público como el ICO, el objetivo no es maximizar beneficio, sino ser sostenible y mantener acceso a financiación en mercados para cumplir mandato.
  • Rentabilidad socioeconómica (retorno país): crecimiento, productividad, empleo, innovación, seguridad energética o parque de vivienda. En un fondo soberano, la “rentabilidad” puede (y suele) ser una combinación de retorno financiero y retorno estratégico.

España Crece nace, precisamente, con una narrativa de productividad y soberanía económica, más que como un vehículo puramente patrimonial.

Pros y contras de convivir con dos “marcas” para una misma palanca

Pros

  • Más munición y más palancas: si España Crece aporta verdaderos instrumentos de capital y estructuras de coinversión, amplía el rango de actuación frente al crédito clásico.
  • Visibilidad y gobernanza específica: un fondo puede imponer reglas propias (mandato, límites de riesgo, reporting de impacto) y atraer coinversores con una propuesta clara.
  • Escala y continuidad post-NextGen: el diseño busca prolongar el impulso inversor cuando se agote el calendario europeo.

Contras

  • Riesgo de solapamiento y burocracia: si el fondo termina operando “sobre todo” como préstamos, puede duplicar lo que el ICO ya hace, con más capas de decisión y más fricción. (El propio debate público y sectorial apunta a dudas sobre el diseño final y su ejecución).
  • Politización del “sector estratégico”: un fondo soberano exige cortafuegos potentes para evitar decisiones guiadas por ciclo político (selección de campeones, rescates implícitos, criterios cambiantes).
  • Asimetría de riesgo: si se empuja rentabilidad financiera alta para justificar el instrumento, se puede desvirtuar su función anticíclica; si se prioriza utilidad pública sin disciplina, crece el riesgo fiscal.

Conclusión

Tener España Crece y el ICO solo es eficiente si, en realidad, no se limitan a coexistir, sino que se especializan. El ICO aporta la maquinaria probada de banca pública de promoción —financiación y mediación—; el nuevo fondo debería concentrarse en lo que falta: coinversión sofisticada, capital paciente y programas tractores con métricas de impacto y retorno claras. Si España Crece acaba siendo “otro ICO con otro nombre”, la duplicidad puede restar utilidad y diluir la rentabilidad (financiera y pública). Si, en cambio, se convierte en el brazo de inversión de largo plazo que complementa al crédito, la pareja puede ser una ventaja competitiva para atraer capital, acelerar proyectos estratégicos y sostener el crecimiento cuando el ciclo europeo se enfríe.

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