Bodegas Riojanas ha registrado unas pérdidas de 4,5 millones de euros en 2025 respecto a los ‘números rojos’ de 2,2 millones de euros registrados en 2024, según informó a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) la compañía, que ha presentado al juzgado solicitud de preconcurso voluntario de acreedores.
Las ventas del grupo en 2025 se situaron en los 13,6 millones de euros, lo que supone una caída del 15%. Así, las ventas totales de la bodega española a lo largo del pasado año alcanzaron los 3,1 millones de litros, equivalentes a 4,1 millones de botellas.
Por su parte, el resultado bruto de explotación (Ebitda) se desplomó a una cifra negativa de 1,19 millones de euros frente a los 619.000 euros registrados en 2024, mientras que las deudas financieras a corto y largo plazo alcanzan los 24,97 millones de euros frente a los 26,36 millones de euros de 2024.
En concreto y debido a la situación financiera y las tensiones de tesorería de los últimos meses, además del escenario de retos e incertidumbres, que se agravó en diciembre al incumplir su calendario de pagos con entidades financieras y otros acreedores, el grupo bodeguero presentó ante el Juzgado Mercantil de Logroño el preconcurso voluntario de acreedores tanto para la sociedad dominante como para Bodegas Torreduero y Bodegas Viore.
El objetivo de la medida era iniciar una negociación con sus acreedores para la aprobación de un nuevo plan de reestructuración que permita su viabilidad futura.
Además, la bodega, propietaria de marcas como Monte Real o Viña Albina, acordó con los sindicatos la puesta en marcha, a partir de este mes de febrero, de un expediente de regulación temporal de empleo (ERTE) de cuatro meses para cerca de 70 empleados de la plantilla debido al descenso de la producción.
De cara a este ejercicio, Bodegas Riojanas ha avanzado, que tras el inicio de conversaciones para la reestructuración de la compañía, sigue trabajando en la búsqueda de una solución estructural que garantice el futuro de la compañía
Así, sus objetivos prioritarios son la aprobación de un nuevo plan de reestructuración con los acreedores, así como la financiación necesaria para la viabilidad del grupo, además de la ejecución de una operación de capitalización para dotar a la sociedad de liquidez necesaria, y la optimización de costes, así como de gastos generales del grupo y, en su caso, la desinversión de activos fijos que se considere procedente para la viabilidad del mismo, tales como terrenos y viñedos.
